El Maltrato y La Violencia Contra La Mujer: Las Causas, Sus Manifestaciones y Consecuencias

El tema de la mujer maltratada fue una decisión sustentada en la necesidad de conocer, comprender, corregir y aclarar prejuicios y conceptos erróneos sobre lo que siente, piensa y padece la mujer víctima de maltrato y al mismo tiempo, despertar sensibilidades, crear conciencia e invitar a la participación preventiva y correctiva que permita poner fin al problema de la violencia contra la mujer. Para su estudio y análisis se comenzó por examinar en qué consiste concretamente el maltrato a la mujer, cuáles son las causas que con llevan al maltrato a la mujer, así como sus manifestaciones concretas en quienes lo sufren se desarrolla y reflexiona sobre el tema en qué consiste tal violencia, cómo se exterioriza, cuál es su incidencia y cuáles son las características del maltratador, para finalmente, detallar lo que ocurre en la personalidad de la mujer víctima de esta violencia, para que, aun cuando el maltrato sea reiterado, no abandone o denuncie a su agresor.

En cuanto a la denominación violencia doméstica, puede asegurarse que es uno de los constructos más usados tanto por la población en general como por diversas instancias, para hacer referencia a un tipo de violencia que se centra en el ámbito privado. En el ámbito social las mujeres atraviesan por una realidad histórica caracterizada tradicionalmente, por un marco de desigualdades y discriminación de género como parte de un ordenamiento socio-cultural que asigna los roles y derechos según el sexo. (Condición orgánica que diferencia al hombre de la mujer ), situándolos en posiciones jerárquicas que confieren un valor superlativo a los atributos masculinos. Definir esta forma de violencia presenta una variada gama de opiniones y discrepancias, pues los expertos en su estudio, concuerdan en afirmar que su denominación depende de diferencias importantes derivadas del ámbito donde ocurra: privado o personal, familia, pareja, hogar, social, y de cuánto enseña cada una, sobre el problema, sus actores, sus causas y sus consecuencias. Por lo tanto, se puede hablar de violencia doméstica, violencia familiar, violencia intrafamiliar, maltrato a la mujer, violencia contra la mujer, violencia de género y violencia sexista, entre otras. En cuanto a la denominación violencia doméstica, puede asegurarse que es uno de los constructos más usados tanto por la población en general como por diversas instancias, para hacer referencia a un tipo de violencia que se centra en el ámbito privado. Esta denominación es definida por Rojas (1955), desde una perspectiva psicológica, como una agresión sádica, repetida y prolongada que se produce con frecuencia, dentro del entorno familiar. En éste, la víctima prisionera de agresiones frecuentes, es incapaz de escapar de su pareja debido a fuerzas físicas o psicológicas superiores.

La indefensión aprendida en una mujer maltratada no es más que una alteración en la función cognitiva de la mujer que genera una conducta pasiva ante una serie de acontecimientos que ella percibe como incontrolables.

Esto hace que para la mujer maltratada sea muy difícil encontrar maneras óptimas de poner fin a una relación violenta, principalmente porque su función cognitiva de la atención está centrada en permanecer con vida.

Una persona aprende a no defenderse cuando cree evidentemente que luchar contra esa situación de abuso no logrará detener las agresiones del otro. Por lo tanto, la mujer deja de intentar frenar esa situación e inconscientemente crea estrategias de afrontamiento para vivir “de manera segura” dentro de esa situación de maltrato.

El porqué de esta situación está profundamente ligado a la educación recibida de las mujeres a lo largo de toda la historia, el papel secundario impuesto por la sociedad a lo largo de los años y la sombra de este comportamiento “marcado en el ADN cultural”. Pero también existen algunos motivos estrechamente ligado a aprendizaje conductual, que tienen una explicación cognitiva clara y evidente. El maltrato dentro de una pareja se desarrolla de forma característicamente cíclica. Este ciclo hace que la violencia sea mucho más difícil de identificar para las mujeres que la sufren y su entorno. pero no son capaces de poner límites por miedo al abandono por sentimientos de culpa o rabia”. Como todo el mundo puede imaginar, cualquier mujer denunciaría o se alejaría inmediatamente si el primer día que conoce a un hombre éste le diera una paliza, pero los primeros maltratos son sutiles (por qué te pones eso, dónde vas, déjame ver ese mensaje o dame la contraseña de tus redes sociales señales que por culpa de los mitos del amor romántico tomamos como signo de amor y no de control.

Cómo se Manifiesta. Cuál es su incidencia y Cómo es el Maltratador?

En el ámbito de las relaciones de género, la agresión contra la mujer, sea cual sea la forma en la que se exprese o la denominación que se le dé, siempre causa trastornos emocionales profundos y duraderos. Este poder se manifiesta, principalmente, en circunstancias difíciles productoras de tensión que aumentan los conflictos, las crisis morales y confunde los valores, Este poder masculino se aprende a través de las prácticas familiares de socialización, de los medios de comunicación y de la educación, pues éstos reproducen patrones sexistas que mantienen vivos los rasgos patriarcales. Socialmente, se enseña a los varones, desde niños, a solucionar los conflictos echando mano a la violencia; se le enseñan roles de poder, lo único que identifica a los hombres maltratadores es que tienen muy interiorizada la idea de que la mujer está a su disponibilidad y que de acuerdo a como asimilen esta idea, manifiestan su agresión y se ubican en una tipología distinta: agresores o maltratadores físicos o psicológicos, celo patas, manipuladores y controladores, entre otras. Generalmente, los hombres con mayor status social y cultural recurren a formas más sutiles de violencia, como la psicológica, mientras que los que tienen un nivel cultural menor se van directamente a los golpes.la mayoría de los hombres maltratadores no son agresivos habitualmente, sino que practican el maltrato en forma selectiva, (sólo con su pareja). Además de que desarrollan un tipo de personalidad doble: se comportan como caballeros cuando están en público, pero en privado son unos opresores, lo cual dificulta su reconocimiento.

Otro rasgo característico del maltrato es que un porcentaje que equilibra entre el 40 y el 89% de mujeres que lo sufren, continúan con su pareja por muchos años El momento del arrepentimiento o “luna de miel” es tradicional. El agresor se disculpa, se comporta cariñosamente y hace todo lo que puede para persuadir a su pareja de que no volverá a maltratarla, como resultado, la mujer recuerda los aspectos que la enamoran de él cuando no es violento, y se reconcilian. Luego, en la intimidad y en situación de calma, suele ocurrir que ambos encuentren excusas para justificar la violencia y que ella se culpe de haberle fallado.

El Dilema: ¿Por qué la Mujer Soporta el Maltrato?

Una de las teorías que aclara la razón por la cual una mujer no puede salir de la situación de maltrato, es la Teoría de la Indefensión Aprendida propuesta, Desde la perspectiva cognitiva, son considerables los supuestos, que posibilitan la permanencia de la mujer en la situación de maltrato. Entre algunos, se pueden mencionar los sentimientos de vergüenza para hacer pública en el medio social una conducta tan degradante; La creencia de que los hijos necesitan crecer y madurar emocionalmente con la presencia ineludible de un padre y de una madre; La convicción de que la mujer no puede sacar adelante a sus hijos por sí sola; La consideración de que la familia es un valor absoluto en sí mismo y que, por tanto, debe mantenerse a toda costa; La creencia en la fuerza del amor como instancia tan poderosa que permitirá lograr poner fin al maltrato si se persevera y se aguanta. Los pensamientos acerca de la pareja como buena persona, que la ama y que cambiará con el tiempo; El convencimiento de que la violencia del agresor es causada por la conducta de la mujer, para evitar la disonancia cognitiva: “si él no es tan malo y, no obstante, se porta mal, será que hay algo que yo no hago bien”. Ello lleva a la víctima a convencerse de que las cosas no están tan mal y de que ella puede evitar nuevos abusos cambiando su comportamiento para con él. Este autoengaño puede mantenerse en otra teoría que intenta explicar por qué se desarrolla esta incapacidad de la mujer para salir de la situación agresiva, es la formulada por Dutton y Painter (1981) quienes explican que el desequilibrio de poder y el intermitente trato bueno-malo, promueven en la mujer víctima de maltrato, el desarrollo de un nexo traumático que la encadena con el agresor mediante la sumisión. Para estos autores, el abuso produce y conserva en la pareja una dinámica de dependencia, debido a su efecto asimétrico sobre el equilibrio de poder, siendo el vínculo traumático producido por la alternancia de refuerzos y castigos.cuando la mujer es sometida a ciclos repetidos de agresiones, se asusta tanto que el miedo la paraliza y anula su autoestima, distanciándola del contacto con la realidad objetiva e incapacitándola para poder encontrar, por sí sola, la salida al maltrato que padece. Por tales razones, la mujer, cuando está inmersa en una situación de violencia sostenida, no puede por ella misma romper este ciclo. Necesita ayuda, apoyo exterior (familiar, profesional, etc.), para aprender a autocuidarse, a recuperar su autoestima, para comprender que ella sí es capaz de enfrentar el maltrato de que es objeto y que ella sí puede ponerle fin.

La incapacidad de la mujer cuando es víctima de maltrato para defenderse o buscar ayuda, favorece la adaptación y vinculación paradójica con la pareja violenta. Mediante tal vinculación, la mujer víctima, sublimiza las experiencias positivas, creé en el arrepentimiento y excusas de su agresor y culpa a factores externos de la situación de maltrato, protegiendo así su debilitada autoestima y modificando su identidad. Después, cada una de las percepciones e informaciones que recibe, se explican en función del nuevo modelo mental que ha asumido para explicar su situación, dificultando las posibilidades de salir del entorno de violencia. Finalmente, y a manera de cierre es importante destacar que el desconocimiento de estos procesos y de sus secuelas posibilita tratamientos inadecuados para las mujeres agredidas, las cuales son descritas como masoquistas, locas o histéricas a las que les gusta que les peguen. Es muy frecuente escuchar en diversos espacios sociales, juicios encontrados y prejuicios, cuando se analizan las representaciones que construyen acerca de la mujer víctima y del hombre maltratador. Generalmente, la mujer sale mucho peor parada que el agresor, que suele aparecer como un señor normal, que nunca ha sido violento según los vecinos y testigos, no el monstruo que uno espera, versus una mujer desencajada y fuera de sí que lo provoca con sus comportamientos. Esta concepción patológica de la mujer objeto de abuso es sólo una de las muchas imágenes o estereotipos que circulan en la sociedad respecto a víctimas y agresores.

Fases de este ciclo:

  1. Fase de acumulación de tensión: En esta fase, se van sumando críticas, celos, necesidad de control y posesividad por parte del agresor. La tensión aumenta en la medida en que se sume cualquier conducta que vaya en contra de los deseos del agresor; lo anterior, hará que los cambios de humor del maltratador sean cada vez más imprevisibles y la hostilidad más grande (sobre todo en términos psicológicos). Dicha fase puede durar desde días hasta años.
  2. Fase de explosión o de agresión: En esta fase, es cuando se da inicio a la violencia física o sexual. Aquí la violencia estalla con gran intensidad, brutalidad y hostilidad, de manera descontrolada. Dicha fase es la más corta (entre minutos y horas). Es normalmente en esta fase cuando las mujeres piden ayuda; sin embargo, esto no siempre se concretarse debido a la fase de arrepentimiento.
  3. Fase de arrepentimiento o luna de miel: En esta fase, el agresor se muestra arrepentido de lo realizado anteriormente. La violencia y la tensión desaparecen totalmente y surgen promesas de que “lo ocurrido no volverá a pasar”. La mujer agredida en este ciclo de violencia suele escuchar al agresor, perdonarlo y creer que el amor podrá modificar la situación. Sin embargo, esta fase acaba con la cotidianeidad y el ciclo vuelve a comenzar. Es debido a esta fase que una mujer maltratada suele regresar con su maltratador y reiniciar el ciclo de violencia. El ciclo descrito no suele detenerse por sí sólo; una vez que se inicia y se desencadena por primera vez la fase de explosión, todas las fases sucesivas crecen y crecen en intensidad y cada vez son menores los momentos de arrepentimiento y reconciliación.

Tipos de violencia hacia la mujer:

  1. Violencia física: Comprende toda acción empleada sobre el cuerpo de la mujer que le produce un daño o sufrimiento físico, tales como heridas, lesiones, hematomas, quemaduras, empujones o cualquier otro maltrato que afecte su integridad física.
  2. Violencia psicológica: Equivale a toda conducta que busca degradar o controlar sus acciones y decisiones mediante la amenaza, el acoso, hostigamiento, restricción, humillación, deshonra, descrédito, manipulación o aislamiento de la mujer; que producen un daño emocional en ella, la disminución de su autoestima, perjudican y perturban el pleno desarrollo personal e incluso la pueden llevar al suicidio.
  3. Violencia sexual: Es todo acto que amenaza o vulnera el derecho de la mujer a decidir libremente sobre su sexualidad, abarcando toda forma de contacto sexual. Incluye el uso de la fuerza o intimidación dentro del mismo matrimonio u otras relaciones vinculares o de parentesco, así como la prostitución forzada, explotación, esclavitud, acoso, abuso sexual y trata de mujeres.
  4. Violencia económica: Este tipo de maltrato busca ocasionar una pérdida de los recursos económicos o patrimoniales de la mujer a través de la limitación, retención o pérdida de sus bienes y derechos patrimoniales. Incluye todo acto que genere limitaciones económicas encaminadas a controlar sus ingresos, o la privación de los medios económicos indispensables para vivir.
  5. Violencia simbólica: Abarca todos los estereotipos, mensajes, valores, íconos o signos que transmiten y reproducen relaciones de dominación, desigualdad y discriminación en las relaciones sociales, naturalizando la subordinación de la mujer en la sociedad.
  6. Violencia laboral: Comprende la discriminación hacia la mujer en los centros de trabajo mediante medidas que obstaculizan su acceso al empleo, ascenso y estabilidad en el mismo. También constituye discriminación de género en el ámbito laboral quebrantar el derecho de igual salario por igual trabajo.
  7. Violencia institucional: Equivale a las acciones realizadas por funcionarios, autoridades y profesionales pertenecientes a cualquier órgano, ente o institución pública, cuyo objetivo es retardar, obstaculizar o impedir que las mujeres tengan acceso a las políticas públicas y ejerzan sus derechos.

 

¿Cómo prevenir situaciones de violencia contra la mujer?

  • Hablar sobre las violencias y explicar que éstas pueden ser cometidas no sólo por personas extrañas sino también por personas conocidas y cercanas.
  • Explicar que tenemos derecho a decir NO.
  • Contrarrestar las actitudes y creencias que justifican el uso de la violencia.
  • Sé fuerte como mujer.

Características que se han visto más asociadas a la figura del maltratador:

  • alta necesidad de control y poder. Recurriendo a la violencia si hace falta para dominar a la mujer
  • problemas de posesividad y celos. Cree que la mujer le pertenece y siente frustración ante la posibilidad de perderla, le falte el respeto u ofenda su masculinidad
  • baja autoestima
  • déficit del control de impulsos
  • irritabilidad
  • dificultad para expresar sentimientos y emociones
  • falta de control sobre la ira
  • baja tolerancia a la frustración
  • cambios bruscos de humor
  • ideas distorsionadas acerca de la mujer
  • comportamiento sexista
  • déficit en la resolución de problemas
  • resolución hostil de los conflictos
  • maltrato a otras mujeres
  • atribución externa de sus errores
  • normalidad aparente de cara al exterior
  • justifica y racionaliza su conducta violenta

 

Conclusión

Las conclusiones apuntan a un poco de todo. Pero es cierto que el principal motivo para no denunciar se encuentra fundamentalmente en el interior de la propia mujer, en el miedo visceral que las atenaza. No es sólo miedo al maltratador, es miedo incluso a los demás, al qué dirán, a perder a sus hijos, a no saber cómo sobrevivir cuando se acabe la relación. El miedo en su más pura esencia. Finalmente, y a manera de cierre es importante destacar que el desconocimiento de estos procesos y de sus secuelas posibilita tratamientos inadecuados para las mujeres agredidas, las cuales son descritas como masoquistas, locas o histéricas a las que les gusta que les peguen. Es muy frecuente escuchar en diversos espacios sociales, juicios encontrados y prejuicios, cuando se analizan las representaciones que construyen acerca de la mujer víctima y del hombre maltratador. “Seamos la voz de las que no hablan por temor a la agresión“.

Recordemos que el “silencio” protege a la persona agresora, pero pone en riesgo a la víctima todos somos responsables de cuidarnos y protegernos.

08 December 2022
close
Tu email

Haciendo clic en “Enviar”, estás de acuerdo con nuestros Términos de Servicio y  Estatutos de Privacidad. Te enviaremos ocasionalmente emails relacionados con tu cuenta.

close thanks-icon
¡Gracias!

Su muestra de ensayo ha sido enviada.

Ordenar ahora

Utilizamos cookies para brindarte la mejor experiencia posible. Al continuar, asumiremos que estás de acuerdo con nuestra política de cookies.