Análisis de la Obra'El Hombre Que Perdió Su Sombra'

INTRODUCCIÓN

Mediante este ensayo se tratará sobre un análisis crítico sobre el libro ¨El hombre que perdió su sombra¨ del autor Von Chamisso con una crítica constructiva sobre el mismo.

Para lo cual el libro fue leído y analizado. Esta leyenda, escrita por Von Chamisso, uno de los poetas románticos alemanes del siglo XIX, al pensar en la suerte que irresponsablemente eligieron quienes, tentados por el poder y el dinero fácil, vendieron su alma al demonio e inscribieron a nuestro país entre los más corruptos. Si pudiésemos pasar la cultura por un filtro que eliminase todo lo superfluo, de manera que sólo se depositaran los posos más esenciales, sin duda, éstos se expresarían a través de las leyendas y cuentos populares. Anónimos, tan complejos en su estructura como sencillos en su estilo, son la primera manifestación de la mitología que atraviesa el imaginario humano. Tal vez el lector recuerde uno de estos relatos, aquel de un hombre que vendió su sombra al diablo y fue condenado a errar por el mundo, lejos siempre del sol y la luna para que su defecto no fuera descubierto por nadie. Como todo cuento tradicional y didáctico existen distintas versiones: a veces la sombra es arrebatada por una bruja, otras, el protagonista es una niña, o la enseñanza que se quiere transmitir es harto distinta.

DESARROLLO

Una antigua leyenda alemana habla de un hombre que, débil y menospreciado por la sociedad burguesa, vendió su sombra a un misterioso tentador quien, en pago, le entregó una bolsa de la que podría extraer inagotables monedas de oro. Después de gozar del fasto y la abundancia que dispendiosamente compraba, el hombre que perdió su sombra empezó a sentirse raro. Quienes le miraban, lo hacían con dudas y sospechas y lo excluyeron del trato social. Se vio obligado a vivir en el ostracismo, huyendo de la luz. Cambiaba constantemente de residencia y en todas partes encontraba el repudio general.

Un estudio hecho en Harvard, hace 75 años, sobre lo que la gente considera el más importante componente de una vida exitosa, confirma lo que las filosofías, las religiones y la sabiduría popular han dicho desde siempre: ni el dinero, ni el poder, ni el prestigio, aunque, bien usados, puedan ser fuente de beneficios, son suficientes para definir el éxito. El secreto se encuentra en la autenticidad con que se cultiven las relaciones humanas. Es decir, en la empatía, esa disposición para vivir la igualdad de todos y sentir lo que el otro siente: la capacidad de amar, en resumen. El estudio de Harvard solamente tiene el mérito de haber seguido los más rigurosos métodos científicos de investigación. “Qué equivocados estuvieron y cuán arrepentidos deberían estar quienes, tentados por el oro o el poder, cayeron en los abismos de la corrupción”, Von Chamisso. Perdiendo su sombra, es decir su dignidad, se verán distintos, raros, mirados con censura por los demás. Y, sin reconocer su error, buscarán fugarse de sí mismos y de los suyos, lo que les llevará a cambiar de destino, a esconderse bajo vana palabrería, a refugiarse en el resentimiento y el odio. El peso del oro mal habido los aplastará luego, sin permitirles gozar de los espejismos que les llevaron a vender su sombra. 

Sin embargo, la naturaleza humana es tan compleja y falible que, pese a todas las razones para condenar la corrupción, siempre habrá quien caiga en ella. Por eso es indispensable que un Estado democrático luche eficaz e implacablemente contra ese cáncer social. Para lograrlo se requiere de una justicia tan severa como imparcial. En el anterior gobierno, muchos, muchísimos hombres y mujeres vendieron su sombra. El actual tiene el deber de identificarles y aplicarles la ley, sin sospechosas demoras, para defender la salud de la nación y evitar que el Ecuador pierda también su sombra ó su paciencia. En la literatura helénica el historiador Polibio testimonia en uno de sus textos una de las variantes de este tópico: “La pérdida de la sombra como castigo.” Según se puede ver en este fragmento de la obra del historiador de Quíos, en el que censura a Teopombo: “Pues el afirmar que algunos de los cuerpos colocados bajo la luz no dan sombra es propio de un espíritu extraviado; lo cual ha hecho Teopombo al sostener que los que entraban en el lugar sacrosanto de Zeus, en Arcadia, se quedaban sin sombra”.

Por lo que toca a los relatos que utilizan como vínculo narrativo a la “sombra” como símbolo, un clásico de la literatura romántica alemana y una de las obras más admiradas por escritores tan diversos como Heinrich Heine, Thomas Mann o Italo Calvino es: “La maravillosa historia de Peter Schlemihl” de Adalbert von Chamisso, que está construida en torno a otra variante de este tópico: la pérdida de la sombra por tratos con el maligno.

En 1789 Chamisso tenía ocho años, era de clase noble y le tocó padecer ya que 1789 es la fecha de la Revolución francesa. La familia Chamisso conoció las penalidades del exilio por Holanda, Alemania y, finalmente Prusia. A los quince años el joven Adalbert es admitido en la Corte del rey Federico Guillermo II como paje de la reina consorte.

Posteriormente abraza la carrera militar. Lee mucho, sobre todo a Diderot, Voltaire y Rousseau. Entre 1804 y 1806 colabora en la revista poética “Almanaque de las musas”. Después de intervenir en una serie de episodios bélicos, en 1812 decide radicar en Berlín para dedicarse a la vida académica. Un imprudente Peter vende su sombra al Diablo por una bolsa mágica de oro, se refiere aquí Chamisso a un objeto encantado muy conocido en las narraciones y leyendas de Alemania en esa época: la “bolsa de Fortunatus”. Al principio opina que hizo un excelente negocio, sin prever las terribles consecuencias que le acarreará semejante decisión.

Muy pronto descubre Peter que la pérdida de la sombra le quita respetabilidad social cuando de entre el griterío le lanzan la imprecación “La gente decente lleva consigo su sombra cuando va al sol” y se libra de ellos arrojándoles puñados de monedas de oro y se refugia en la noche para que no se perciba su carencia existencial, al tiempo que se desespera: “¿De qué sirven las alas al que está aprisionado con cadenas de hierro? Ahí estaba yo, como Faffner en su guarida…” en alusión al dragón que guardaba el tesoro de los Nibelungos.

Escrita en tono serio y conservador, en opinión de Mann, más que de un cuento infantil, “La maravillosa historia de Peter Schlemihl” es una novela fantástica, en el sentido del extraño destino de su protagonista; mientras que, para Calvino, estamos ante una obra literaria lograda a la perfección por Chamisso, quien inaugura de esa manera el género del relato fantástico.

Pese a la levedad de su trama, se puede afirmar que esta obra literaria encierra elementos muy sugerentes: El Diablo en forma de criado cortés y servicial, el original trueque de la propia sombra por una bolsa mágica, la presencia de algunos tópicos como las botas de siete leguas y otros más. Pero detrás de todo ello se puede intuir un entramado más complejo, tan complejo como la propia personalidad del autor: ¿Qué significa realmente la “sombra” para Chamisso?, ¿es solamente eso lo que quiere decirnos, lo difícil que sería para un hombre vivir sin sombra?

Este botánico alemán de origen francés publicó su novela imitando la forma de este tipo de relatos: un joven que ambiciona entrar en sociedad, un elemento fantástico en forma de criatura (el Diablo) y objeto mágico (la Bolsa de Fortunato) que trastoca su vida, y la consiguiente búsqueda: recuperar su estado inicial tras haber aprendido una valiosa lección. La notoriedad que alcanzó el Peter terminó por inmortalizarla. Coetáneos suyos alabaron la maestría con la que Chamisso, de forma sobria y cargada de emoción, había conseguido plasmar la historia de este desdichado que se ve condenado a la marginación por no tener sombra. Las versiones de la obra no tardaron en aparecer. El mismo E. T. A. Hoffmann le homenajeó en su Historia del reflejo perdido. Como él, otros tantos emplearon la metáfora hasta que el origen del mito quedase difuminado y pasara a ser tratado como un cuento popular.

Sería un burdo tópico decir que era habitual en el Romanticismo reivindicar el nacionalismo y que, por ello, muchos escritores hacen uso de las fuentes más originales de los pueblos. Esto negaría la absoluta complejidad de este movimiento que se mostró tan revolucionario como conservador, tan vanguardista como enraizado a las costumbres. Sólo hace falta una mirada relativamente ligera para darse cuenta de la variedad de autores que incluimos dentro de esta etiqueta.

Puede apreciarse cómo los escritores románticos no reciclan los cuentos, sino que los emplean para hacer una revisión de la situación contemporánea. La virtud de este género es la profundidad con la que retratan el mundo a través de personajes arquetípicos como reflejo de su mundo. Reside también la intención de conformar una nueva mitología que se oponga a la herencia recibida por parte de la modernidad, pues en ellos se da rienda suelta a la imaginación, lo fantástico y lo oculto. Los cuentos tradicionales son los resquicios oscuros de la cultura que la racionalidad no conseguirá nunca iluminar.

Baste decir, de manera muy informal para no caer en un monográfico sobre el Romanticismo, que lo que aúna a todos estos autores es un descontento hacia el mundo que termina por materializarse tras ese fatídico ensayo que es la Revolución Francesa. La mecanización cuantificará las emociones, el valor bursátil medirá al hombre, homogenizado, reducido a mano de obra de la industria de no poder costearse la libertad. El ascenso del capitalismo hace que incluso una abstracción tan básica como es la moneda sea demasiado material, y que poco a poco cobren importancia los pagarés, las acciones, aquella riqueza que no existe, pero que sin embargo hace rico. Ante este panorama, los románticos toman posturas conservadoras, cuando miren al pasado y llamen a las tradiciones primigenias, o, en ocasiones, otras más jacobinas y utópicas si contemplan con esperanza un futuro cada vez más improbable. Estos dos polos son dos caras de una misma moneda, el tiempo conducirá de una posición más radical a otra más moderada cuando el ímpetu romántico comience a ser asimilado por el capitalismo. 

Podría interpretarse como una reformulación de los cuentos tradicionales, cuya función es didáctica y representa un paso de la infancia a la adultez: un personaje inexperto, por lo general un niño, comete alguna trasgresión o sufre una crisis fruto de un engaño, que termina por resolver una vez que comprende la lección convirtiéndose en adulto, el matrimonio con el que se cierran los cuentos de niños es una de tantas signos de esa vida adulta. Schlemihl comprende que ser adulto pasa por un reconocimiento exterior, y la mejor manera es mostrarse acaudalado. En última instancia, no hay un fin positivo para el joven Schlemihl, pues a diferencia del mundo de los cuentos, la realidad que impone la burguesía es desesperanzadora y deprimente. El amor y otros tantos tópicos no son suficientes, no sirven como escapismo, pues tras éste siempre se encierra una legitimación de la violencia. Peter señala esta desazón y asume que la diferencia sólo puede llevarse en la marginación, oculto de los ojos de los demás.

Detrás de la utilización de estas raíces culturales no siempre se encuentra una reivindicación del espíritu nacional, tal y como dicen los manuales de literatura más irreflexivos. De hecho, si algo se hace patente en la novela es, sin duda, la melancolía y soledad de no sentirse de ningún lugar. Después de haber trucado su sombra, el protagonista, enriquecido por su bolsa mágica, es rechazado por sus congéneres allá donde va. No hay patria que le llame, ni hogar para él: su sombra no se posa en ninguna tierra, el sol atraviesa su cuerpo como si no existiese. Chamisso se reconocía como un francés en Alemania y un alemán en Francia, un protestante para los católicos y un católico para los protestantes. De igual modo, la historia de Peter Schlemihl está escrita con las lágrimas del exiliado, del que habita en el destierro; un desamparo que recorre la literatura romántica y que, en última instante, expresa ese individuo que es ninguneado por los suyos por carecer de algo tan inútil como es la sombra.

¿Qué representa esta oscura proyección tan infecunda que sólo recordamos cuando desaparece? La reputación, el reconocimiento de la comunidad, aquello que refleja la verdadera naturaleza de los hombres, su sinceridad y bondad, pues nadie está tan loco como para vender su sombra. En cualquier caso, la sombra es el espacio que ocupamos en el plano social, del que alardeamos cuando cubre a otros, la apariencia con la que nos encubrimos. Cuanto más opulento se es, más grande y magnánima es la sombra de uno. Sin embargo, asociar la metáfora de la sombra a la ausencia de nación, o incluso a la condición de los judíos como algunos han querido ver, es una opción francamente limitada; La angustia está mucho más arraigada al hombre de lo que parece a simple vista. Cuando se habla del exilio no se hace únicamente desde un punto de vista político, sino existencial.

El sujeto romántico contempla cómo la naturaleza es un recurso para enriquecer a unos pocos, cómo la libertad es una palabra vacía en la boca de los pastores de las masas, cómo esa supuesta individualidad es una ilusión empleada para engañar y enfrentar a los hombres en una lucha fratricida. Todo ello, se disfraza bajo una ilusión cada vez más traicionera, en la que la identidad se concentra en una máscara construida por y para los demás. El error de Schlemihl estriba en pensar que sería aceptado por lo que es, por su condición real, que el dinero bien valía algo tan carente de valor como es la identidad que se nos impone, aquello que ofrecemos a los otros. De hecho, hasta cierto punto tiene razón, porque mientras que no saben su secreto, la gente no duda en acercarse a él como rémoras en torno a un hombre acaudalado.

La tragedia es esa tensión que sitúa al sujeto romántico entre la identidad que él quiere tener, lo que es en verdad, y lo que la sociedad le dice que sea. Schlemihl se percata al instante de que su individualidad no depende de él, su identidad no es suya.

CONCLUSION

Recién sobre el final, el hombre de gris se ofrece a devolverle la sombra al protagonista a cambio de su alma, revelando el carácter fáustico del trato. Solo podrá zafar, si cumple con tres desafíos. Sin embargo, cumplirlos es una trampa: arrancar una planta, quitar la libertad a un ave y sobre todo llevarse la luz del volcán, es contradictorio con tener sombra, no la hay sin una fuente que ilumine.

La parábola se enuncia, pero carece por momentos de fuerza dramática en su desarrollo. El relato como introducción y puente entre momentos de acción aplana la intensidad de la puesta. Eso sí, dentro de un marco de una gran belleza, con personajes secundarios Pablo Fusco como la sombra, Sebastián Godoy como el hombre de gris que aportan humor, una música en vivo notable y un juego coreográfico logrado. La convocatoria por parte del Teatro Cervantes a artistas que no suelen transitar la cartelera infantil trae con El hombre una dosis de aire innovador muy necesario.

REFERENCIAS

  • https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/teatro/el-hombre-que-perdio-su-sombra-una-parabola-con-sombras-danzarinas-nid2138070
  • http://www.alternativateatral.com/obra57703-el-hombre-que-perdio-su-sombra
27 April 2022
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