Hipótesis De Los Efectos Al Consumidor En La Guerra Comercial EE.UU-China

El concepto de Guerra Comercial, o Guerra Económica se trata de un conflicto entre políticas económicas intervencionistas, con el cual se busca llevar la cantidad de exportaciones netas a un nivel positivo; mediante la imposición de impuestos o aranceles al comercio con una nación exterior. Esta, en respuesta, impone por su parte aranceles e impuestos en cantidades similares a la contraparte. Estas políticas intervencionistas son las que encuadran el modelo de una economía proteccionista, siendo ésta aquella en la que se pretende impulsar la industria nacional a costa de las extranjeras. En el otro lado de la balanza, y contrapuesto en todo momento a este proteccionismo, se encuentra la posible posición de un gobierno de abrirse al mercado exterior. El libre mercado consiste en acabar con los aranceles y los impuestos a mercancías extranjeras, fomentando el comercio global. 

Los gobiernos de hoy en día se enfrentan a esta disyuntiva acerca de qué sistema adoptar para su economía, bien proteccionista o bien abierta, bajo el contexto de uno de los fenómenos más importantes con los que tiene que mediar el hombre actual: la globalización. La globalización es un hecho, que afecta a todas las facetas del ser humano, muy especialmente a la economía. En el contexto de la economía, debe quedar claro que en un entorno globalizado, como el de hoy en dia, los mercados tienden a ser más competitivos, las economías locales más especializadas y las decisiones locales afectan a nivel mundial de forma directa o indirecta.

El comercio exterior de los Estados Unidos, especialmente desde el 2004, ha tenido una tendencia hacia el déficit comercial, puesto que su balanza comercial neta demuestra que el país importa por cantidades superiores a los 2’000.000 MM$; y exporta menos de 1’400.000 MM$. Los principales aliados comerciales de este país son (en este orden) China, Canadá, México, Japón y Alemania. Sin embargo, el entonces candidato y ahora presidente Donald Trump considera que esta política es desventajosa para los Estados Unidos, acusando a China tomar ventaja de los Estados Unidos mediante la manipulación de divisas, por lo que prometió aplicar nuevas “reglas y regulaciones a China por su comportamiento subsidiario injusto , robo intelectual al país, y por generar múltiples pérdidas de empleos” desde la entrada de China a la Organización Mundial del Comercio. Entre estas regulaciones, Trump propone reevaluar su política comercial, y apoyarse en las leyes vigentes de EE.UU que le permitirían aplicar aranceles de hasta 45% en productos en los que considere útil o necesario. Su política “America First” rechaza las políticas internacionalistas y se propone proteger y fomentar la industria nacional en los EE.UU. En su primer discurso sobre el estado de la Unión, Trump declaró: “La era de la rendición económica ha terminado.’

Hacer América grande otra vez, este es el objetivo que ha acompañado al presidente Trump desde que irrumpió en el panorama político y hacia lo que afirma que van dirigidas todas sus políticas. 

Las políticas que Trump plantea son de cierta manera, menos un engaño para la ciudadanía estadounidense, haciéndoles creer en todo momento que la economía es una guerra. Uno de los principios de la economía demuestra que el comercio genera beneficio a las naciones. Por esto mismo, la economía es un juego de suma creciente, la ganancia de unos no necesariamente implica la pérdida de otros. Un entorno económico favorable al comercio (sobre todo internacional, estando un entorno globalizado) es enriquecedor para todos los países en tanto comercien libremente. Como bien sabemos de primera mano en este país, los periodos económicamente autárquicos no necesariamente traen prosperidad económica ni calidad de vida.

Es principalmente por todo esto que podemos afirmar que Trump y sus afines abusan de un discurso claramente populista, un discurso basado en el enfrentamiento económico, que une palabras como guerra y comercio, para atraer votantes y seguidores poco informados. Con sus medidas autárquicas y proteccionistas pretende cerrar a EEUU a lo que es una realidad, la globalización. La presunción de Trump plantea simplemente que atraerá la producción industrial a Estados Unidos con sus políticas, ignorando todos los beneficios que el libre comercio le otorga a su país; así como que sus políticas pueden espantar inversionistas y alejar posibilidades económicas; desacelerando su economía.

Por su parte, China encuentra sus características populistas en en sus orígenes comunistas. Sin embargo, ha pasado de ser una economía centralizada y planificada a una con menores regulaciones y una creciente participación del sector privado en los diferentes mercados[footnoteRef:5]. Sheng Bin[footnoteRef:6] también propone al gobierno comunista chino como una de las razones del crecimiento de las exportaciones a partir de 2001, año en que el país entró a la Organización Mundial del Comercio. Bin afirma que las políticas del Partido Comunista Chino incentivaron a este fenómeno. El populismo chino se sostiene a partir de la práctica sistematizada de la producción a bajos costes; con consecuencias netas positivas para la economía pero con consecuencias sociales mejorables cuanto menos. El gobierno chino, con políticas subsidiarias, mantiene a una población con salarios mínimos de 22 yuan la hora. Esta situación se sostiene exclusivamente por la cantidad neta de producción china, pero es fácilmente identificable su fragilidad. 

La guerra comercial EE.UU-China se inició, propiamente hablando, el 23 de Enero cuando el presidente Trump anunció aranceles del 30% para los paneles solares producidos en dicho país; además de un 20% de impuesto para el primer millón de lavadoras exportadas hacia los EE.UU. China, entonces, respondió con impuestos a 128 productos, incluyendo aluminio, aviones, automóviles; y alimentos como cerdo o soja. En la primera ronda de aranceles, el 6 de julio los EE.UU implementó aranceles sobre productos chinos por valor de 34.000 millones de dólares anuales y China respondió con aranceles de un valor similar en los productos estadounidenses. El 23 de agosto China y los EE.UU impusieron la segunda ronda de aranceles de un 25% a distintos bienes. El 24 de septiembre la tercera ronda de aranceles se llevaron a cabo. Los EE.UU ordenó la imposición de aranceles por valor de 200.000 Millones de dólares a productos chinos, llevando la cantidad neta de dinero a recaudar a US$250 MM. China anunció impuestos por valor de 60.000 millones de dólares con el total neto de aranceles aplicados a los EE.UU exclusivamente a US $110 MM.

El análisis económico a realizar, en el corto plazo, se basará en determinadas condiciones ceteris paribus. La primera de estas es, evidentemente, que los aranceles actuarán a manera de incentivo negativo a las empresas en su comercio exterior. Por esto mismo, se intentará determinar las implicaciones para el consumidor si se frenan a corto plazo las relaciones económicas entre ambos países. El análisis se desarrollará en dos mercados en los que se demuestra una clara dependencia entre los países. Además, se entenderán las cuotas a la importación como limitantes en la oferta de dichos bienes en los mercados.

La primera de estas situaciones de mutua dependencia es el mercado de la aviación chino. A nivel global, dos empresas han dominado el mercado de la aviación: Boeing (US) y Airbus (Europa). Según datos de Bloomberg, el 47% de los aviones en China son de manufactura estadounidense. Por esto mismo, se genera una dependencia de China para sostener su industria aérea; e igualmente EE.UU encuentra un importante cliente para sus productos. 

En cifras económicas, EE.UU exporta a China 12.6 MM de dólares en productos de transporte (que incluyen aviones, helicópteros y piezas de cohetes). Así mismo, la empresa nacional más importante en el sector, COMAC está hasta el momento en fases de pruebas para aviones comerciales de producción china, con pedidos por 815 aviones pero ninguno producido hasta el momento. Por esto mismo, China está lejos de ser autosuficiente en esta industria.

En segundo lugar, la industria textil estadounidense demuestra una dependencia en las importaciones. EE.UU produce tan solo 1.3MM de dólares en este sector, e importa 40.2 MM dólares de China para suplir su demanda nacional. Por esto mismo, se repite la situación en que uno de los países es dependiente del otro; pero no puede prescindir de él. 

La frontera de posibilidades de producción está enfocada a comparar las cantidades producibles de un determinado bien (objeto o servicio) a coste de la posible producción de otro. Una de las características del proceso de globalización actual es la alta especialización que una industria nacional puede desarrollar; ya que los productos que no genere dentro de su propia industria se podrán adquirir mediante comercio internacional. Por esto mismo, se puede mostrar que, al comparar una de las industrias punta de China con una que no lo es tanto, la curva de posibilidades de producción toma una forma alargada. Esto representa que la industria china está altamente especializada en, por ejemplo, productos informáticos, y no lo está en productos aeronáuticos. Esto sucede ya que la balanza comercial china exporta una alta cantidad de tecnología informática (ordenadores, móviles, entre otros) y por lo tanto, se especializan en esos sectores industriales. 

Por su parte, China no está especializada en la construcción de aviones, e importa los que el mercado solicita de la Unión Europea y Estados Unidos. China, en este momento, está en muy poca capacidad de producir aviones, con empresas como COMAC hasta ahora en fase de pruebas. Por esto mismo, indistintamente de que China (hipotéticamente) destinase todos sus recursos a la fabricación de aviones, estarían en capacidad de producir muy pocos aviones (punto B). Con los puntos C y D de la gráfica se busca demostrar el gran déficit de producción aeronáutica China versus los aviones totales solicitados en el mercado (punto C). El punto D representa una aproximación de los aviones de origen estadounidense en el mercado chino.

El análisis que proponemos se desarrolla de la siguiente manera: la imposición de aranceles y cuotas a la importación en China, como respuesta a las políticas America First de Trump, puede repercutir de dos maneras:

A corto plazo, ante el elevado costo que implicaría importar de EE.UU y el límite en cantidad impuesto, China podría decidir trasladar la demanda de aviones exclusivamente a productores no americanos, igualmente generando una escasez de productos para aviación; y, la segunda es acabar con el comercio (importaciones) aeronáutico para fomentar la producción nacional china de aviones. Indistintamente de la viabilidad de una u otra decisión, lo que se analiza es que las políticas de Trump contribuirán a una reducción de la oferta de aviones en China (y la subsecuente baja en la demanda de aviones para Boeing).

Por su parte, la Frontera de Posibilidades de Producción de EE.UU, si bien comparte la forma de la China, tiene unas distinciones y aclaraciones que se deben realizar. En primer lugar, si bien la producción Estadounidense de textiles es baja en comparación a la importación de textiles chinos, esta es proporcionalmente mayor a las exportaciones netas aeronáuticas entre los países; es decir, no produce tan poco como lo que importa, en proporción. Así pues, EE.UU está relativamente más preparado para renunciar a importar productos desde China. Sin embargo, como se repite en países con industrias altamente especializadas, la frontera de posibilidades de producción demuestra que por más que se renuncie a producir una gran cantidad de productos especializados, en este caso farmacéuticos; la falta de recursos específicos para suplir la demanda textil implicaría que de dejar de comerciar con China; los Estados Unidos verían un gran déficit en la relación oferta-demanda de ropa y otros productos similares. 

Al corto plazo, consideramos que los EE.UU se verían obligados a intentar trasladar la demanda de textiles a otro socio comercial. Sin embargo, y a diferencia de China, la Unión Europea se ha manifestado en contra de la intervención económica propuesta por Trump, y es menos viable que accedan simplemente a esto. En ese momento, otros socios comerciales como Canadá o México podrían entrar a jugar a favor de EE.UU, pero no es posible determinar si Estados Unidos pueda suplir toda la demanda nacional de textiles, y de esa manera hipotetizamos que habría escasez de estos bienes en la economía local de EE.UU. 

A partir del análisis de las Fronteras de Posibilidades de Producción, se determinó que en cualquiera de los casos, las políticas económicas de una guerra comercial repercuten al corto plazo reduciendo la oferta en el mercado local del producto comerciado internacionalmente. De esa manera, la disyuntiva generada en los mercados se reduce a asumir la alza en los precios (que se explicará más adelante) o directamente abandonar el sector económico en cuestión. En el caso de sectores fundamentales para el consumo de las personas (lo que son bienes de demanda inelástica), la sociedad no podrá prescindir de ellos, mientras que en los bienes de lujo (de demanda elástica), lo más probable es que la sociedad deje de consumirlos.

La alza en los precios se explica de la siguiente manera: tanto la imposición de cuotas a la importación, como los aranceles (que aumentan el coste de producción) reducen la cantidad del bien a ser comercializado. Esto reduce la oferta del bien en el mercado, pasando de un punto de equilibrio E1 a uno E2 con una cantidad de equilibrio (Q2) menor a la inicial. Esto aumenta el precio de equilibrio al que deben pagar los consumidores para acceder al bien. 

Analizando el ejemplo Chino, un aumento en los precios de los aviones podría parecer que no afecta directamente a los consumidores per se. Sin embargo, la reducción de insumos aeronáuticos podría reducir tanto el número de vuelos realizado día a día como el número de días que pueden volar los aviones; además de encarecer cada uno. Por esto mismo, se reduciría la cantidad de asientos disponibles para dichos vuelos; y aumentaría consecuentemente el precio de estos. De esta manera, entra a consideración la elasticidad de la demanda de aviones China (y la de vuelos, por supuesto). 

En el caso de los Estados Unidos; la subida de precios en la industria textil implicaría un golpe más directo al consumo de los ciudadanos. Objetos como la vestimenta tienen una demanda inelástica ya que son bienes de primera necesidad que no son fácilmente reemplazables por otros sustitutos. Por esto mismo, las familias en EE.UU se verían obligadas a pagar una mayor proporción de su renta en ropa, y probablemente deban reducir la cantidad de esta que consumen. 

A la luz de la economía global cada vez más interconectada, es cierto que la guerra comercial entre EE.UU. y China acabará por afectar positivamente a algunas economías y negativamente a otras, es decir, generando ganadores y perdedores. Como consecuencia de las medidas agresivas adoptadas, ambos países tienen que afrontar los nuevos términos de acuerdo y trabajar para reconfigurar sus relaciones comerciales. 

Basándose en datos económicos recientes, está claro que China ya está sintiendo una desaceleración en la economía. El crecimiento económico chino se retrasó en el tercer trimestre a su nivel más bajo en 10 años, con ralentizaciones registradas en las ventas de automóviles, la propiedad y la electrónica de consumo. Según la firma de investigación Canalizans, en el tercer trimestre China produjo 100.6 millones de smartphones, un 15,2 % menos que en el mismo período un año anterior. La incertidumbre engendrada por la guerra comercial llega hasta los propios consumidores, y se manifiesta en su consumo. 

El gasto ha disminuido y los consumidores empiezan a optar por el ahorro. China también enfrenta desafíos en su economía interna; además de estar luchando con el aumento de sus incumplimientos crediticios y con un sector de la propiedad que viene mostrando claros signos de enfriamiento. El banco central chino ha cortado la proporción de requisitos de reserva – la cantidad de dinero que los bancos deben mantener en el banco central – en un punto porcentual para estimular el flujo de dinero en la economía. El gobierno también ha puesto en práctica una serie de medidas para reactivar la economía, como reducir los impuestos individuales, acelerar el gasto en infraestructura y ampliar opciones adicionales de financiamiento para ayudar a las empresas más pequeñas. Sin embargo, sigue siendo claro que la economía China está desacelerando y que los datos de exportaciones están en decadencia. Para protegerse de la ausencia de la demanda norteamericana, la China dependiente de las exportaciones tendrá que mirar hacia la expansión a mercados en regiones como Asia sudoriental y Europa. 

En EE.UU, es muy claro que las cargas más pesadas de la guerra comercial serán dejadas sobre los hombros de los consumidores. Debido a la caída de las importaciones, es probable que los precios a ojos consumidor aumenten. La National Retail Federation estimó que una tarifa del 25% sobre los muebles costaría a los estadounidenses US $4.5 billones más por año, mientras que un impuesto del 25% sobre artículos de viaje como equipaje y bolsos costaría un adicional $1.2 billones. Las compañías americanas como Walmart y Target deben elegir entre absorber los costos más altos de los aranceles (por lo tanto, dando un golpe a sus márgenes de ganancia) o delegar los aumentos de precios hacia sus clientes. Walmart, el minorista más grande en los Estados Unidos, declaró que de los $500 MM obtenidos en ventas el año pasado, US $50 MM se relacionaron con importaciones chinas o inversiones en empresas chinas. Los proveedores estadounidenses de Walmart confían en las manufacturas de China para montar; y terminan la producción en los Estados Unidos. Además, es extremadamente difícil cambiar las cadenas de suministro globales complejas de China, al menos al corto plazo. Las compañías americanas lucharán para intentar seguir aumentando ganancias sin lastimar demasiado al consumidor americano, pero se desconoce cuál es su capacidad real para absorber el coste de la guerra comercial. 

Otros países también se verán afectados por la guerra comercial EE.UU-China. El conflicto ya ha empezado a desarraigar las cadenas de suministro globales, y los países que se benefician son los que pueden proporcionar una producción de bajo coste, y puedan llenar los vacíos de lo que habría sido comercio EE.UU-China. En conjunto, se espera que varios países del sudeste asiático surjan como ganadores de la guerra comercial. La Association of Southeast Asian Nations (ASEAN), formada por 10 países de la región, ha sido considerada una base de cadena de suministro atractiva y legítima. Un país que ya se ha beneficiado del conflicto bilateral es Malasia. China, anteriormente dependió del biocombustible estadounidense por su carencia de capacidad para producirlo en el país. Desde entonces, la superpotencia mundial ha recurrido a Malasia para recibir ayuda, y en tan sólo dos meses, Malasia es ahora el mayor proveedor de estos combustibles para China. Durante agosto y septiembre China compró un total de 88 millones de litros de etanol de Malasia, una compra totalizada en US $49 millones. Además, Malasia ha comprado cantidades sin precedentes de combustible de los Estados Unidos–97 millones de litros de etanol por valor de US $35 millones en el último año. Al mezclar al menos el 40% de combustible producido localmente con el de EE. UU., Malasia puede actuar en consonancia con las normas arancelarias y revender el combustible a China, beneficiándose de la guerra entre las super economías.

Este es un desarrollo interesante en la economía de Malasia. El año pasado, no hubo producción significativa ni uso de etanol de combustible en Malasia. Por lo tanto, las medidas recientes que Malasia ha tomado reflejan su voluntad de capitalizar el conflicto EE.UU-China, y a partir de ahora sigue haciéndolo. Sin embargo, no queda claro si a largo plazo Malasia tendrá suficiente capacidad de producción de etanol para cumplir con las necesidades de China y mantener el comercio. Esto en general pone en entredicho la sostenibilidad de los países de baja producción con el objetivo de reemplazar a los Estados Unidos o a China como exportadores en la cadena de suministro global. Sin embargo, la perspectiva de Malasia sigue siendo positiva. Según una evaluación realizada por Nomura Holdings, una empresa de servicios financieros, se prevé que Malasia se beneficie más como una fuente alternativa de importaciones, en particular de sus exportaciones de ‘circuitos integrados electrónicos, gas natural licuado y aparato de comunicación ’.

Otro ejemplo de país beneficiado por esta guerra comercial es Vietnam. De acuerdo con el estudio realizado por Nomura, Vietnam es un sitio atractivo para la inversión extranjera directa y probablemente se beneficiará de la reubicación de las empresas de fabricación. Numerosas firmas ya han empezado a trasladar la producción a Vietnam, y el país está posicionado para rivalizar con el sector tecnológico de China. En octubre, GoerTek -el fabricante basado en Shandong de los cascos AirPods de Apple- anunció que se movería la producción de los auriculares inalámbricos a Vietnam como resultado de la guerra comercial.

Sin embargo, países vecinos también tendrán consecuencias negativas de esta guerra comercial, serán claros perdedores. En el corto plazo, es muy probable que países que dependen de envíos salgan perdiendo, como es el caso de Japón o Corea del Sur. Lo que está claro es que a largo plazo se van a ver obligados a reducir la dependencia de las exportaciones chinas.

Por su parte, los claramente perdedores de este conflicto serán Estados Unidos y China. No solo por el impacto que tendrán las políticas arancelarias en dichos países, sino por el coste de oportunidad que implicaría para ambas naciones la reducción y pérdida de oportunidades de comercio. Trump, principalmente, al desarrollar su discurso populista está dejando de lado oportunidades comerciales de muy alto valor, en preferencia de aumentar sus votantes y seguidores. 

Por esto mismo, sus políticas personales le costarán a EE.UU miles de millones de dólares en oportunidades económicas desaprovechadas, además del impacto al bolsillo de los consumidores. Muy probablemente, las pérdidas económicas sean superiores al dinero que Trump espera recaudar en forma de impuestos. China perderá igualmente en costes de oportunidad, viendo como un comprador muy importante de sus productos los abandona. Además del coste al consumidor, China entrará en desaceleración económica y escasez hasta el momento que pueda suplir sus aliados comerciales; tanto en importaciones como en exportaciones de bienes. 

En síntesis, los únicos ganadores reales de la guerra económica serán aquellos que no participen de esta; y sepan ver las posibilidades económicas que implica que una de las mayores economías decida no comerciar. El país más beneficiado será entonces el que magnifique su producción para suplir el rol que los EE.UU ha tenido en la economía mundial. Por esto mismo, Malasia y Vietnam tienen en el horizonte inmediato un gran chance de suplir a China con los bienes que EE.UU se niega a proveerles.

27 April 2022
close
Tu email

Haciendo clic en “Enviar”, estás de acuerdo con nuestros Términos de Servicio y  Estatutos de Privacidad. Te enviaremos ocasionalmente emails relacionados con tu cuenta.

close thanks-icon
¡Gracias!

Su muestra de ensayo ha sido enviada.

Ordenar ahora

Utilizamos cookies para brindarte la mejor experiencia posible. Al continuar, asumiremos que estás de acuerdo con nuestra política de cookies.